Día del Pollo a la Brasa: un ícono gastronómico que mueve la economía peruana.
Cada 20 de julio, el Perú celebra el Día del Pollo a la Brasa, una tradición culinaria que trasciende el sabor y se convierte en un motor económico y social para el país. Instituido oficialmente en 2010 por el Ministerio de Agricultura —hoy MIDAGRI—, este plato emblemático cumple un papel central en la vida cotidiana de los peruanos y en la cadena productiva nacional.

Impacto económico y laboral
La industria del pollo a la brasa representa cerca del 2 % del Producto Bruto Interno (PBI). Con más de 13,000 pollerías en funcionamiento, el sector genera aproximadamente 460,000 empleos directos e indirectos, desde agricultores y avicultores hasta cocineros, mozos, repartidores y personal administrativo.
Anualmente, se consumen entre 150 y 160 millones de aves, lo que equivale al 20 % de la producción avícola nacional. Además, el consumo per cápita de carne de ave en Perú alcanza los 58 kg, posicionando al país como uno de los mayores consumidores en Latinoamérica y el mundo.
Mario Berrocal, gerente general de la Asociación Peruana de Avicultura (APA), destaca que este sector concentra el 66 % del valor pecuario nacional y más del 25 % del valor agropecuario, consolidándose como una de las cadenas productivas más integrales y dinámicas del país.
El pollo a la brasa no solo beneficia al sector avícola, sino que también impulsa industrias complementarias como la agricultura. Ingredientes clave como papa, hortalizas y maíz morado forman parte de un ecosistema que vincula directamente al productor rural con los restaurantes urbanos.
Este enfoque integral permite que la economía local se vea fortalecida en múltiples niveles: empleo, producción agrícola, logística y servicios asociados. En otras palabras, cada pollo a la brasa que llega a la mesa peruana moviliza a toda una red de trabajadores y proveedores.
Más que un plato, un símbolo nacional
El Día del Pollo a la Brasa celebra no solo la exquisitez de este plato, sino su importancia como motor económico, generador de empleo y referente cultural. Cada vez que un peruano disfruta de su pollo a la brasa favorito, participa de una cadena que integra producción, gastronomía y desarrollo social, reforzando la identidad y el orgullo nacional.
En un país donde la gastronomía es marca y patrimonio cultural, el pollo a la brasa destaca como un ejemplo de cómo la tradición y la economía pueden unirse para beneficiar a millones de peruanos.









