En las redes sociales se puede ver un video donde la presidenta de Fuerza Popular, Keiko Fujimori, ha decidido poner claridad en un tema que, para muchos, parecía un simple juego de palabras diplomáticas: la soberanía de la isla Chinería, esa porción amazónica que marca frontera entre Perú y Colombia.

En un mensaje difundido a través de su cuenta oficial en X, Fujimori recordó que el país no se deja distraer por lo que calificó como las “cortinas de humo” del presidente colombiano Gustavo Petro. Con un tono firme, sostuvo que no existe un conflicto real entre los pueblos de ambas naciones, y que la soberanía peruana permanecerá intacta. “Nuestra soberanía permanecerá y nuestro cariño al pueblo hermano de Colombia, con quienes nos unen años de paz, es inquebrantable. Petro: con el Perú no te metas, sabemos luchar y derrotar al terror”, enfatizó.

Como quien no quiere la cosa, Fujimori adjuntó un video histórico: su padre, el expresidente Alberto Fujimori, recuerda los episodios más turbulentos del grupo terrorista M-19, del cual Petro formó parte, y el asalto al Palacio de Justicia en 1985, que dejó 94 víctimas mortales. La narrativa del exmandatario apunta a un mensaje claro: la captura de líderes terroristas en el Perú evitó que tragedias similares se repitieran en nuestro territorio. Y vaya que no necesita recordatorios.

El intercambio de declaraciones llega justo después de que Petro, desde la ciudad fronteriza de Leticia, calificara la postura peruana sobre Chinería como “unilateral” y sugiriera que el diferendo debería ser tratado en la Comisión Binacional. El presidente colombiano incluso señaló que su eventual presencia en la zona podría interpretarse como “un acto de guerra”, aunque con la diplomacia que todos esperan, afirmó que su intención era evitar una escalada.

En Simple Noticias, vemos que este tipo de episodios diplomáticos recuerdan que la frontera amazónica no es un tablero de ajedrez donde cada movimiento se hace a ciegas. La política interna y las relaciones bilaterales se entrelazan, y la defensa de la soberanía nacional se convierte, como siempre, en un punto de orgullo y atención para los ciudadanos peruanos. Con un toque de ironía que pocos se atreven a expresar, se puede decir que mientras unos buscan titulares, otros recuerdan la historia y los costos de no hacerlo.

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