Durante su más reciente Mensaje a la Nación, la presidenta Dina Boluarte sorprendió al introducir cambios respecto al discurso originalmente distribuido a los medios y al Congreso, incorporando una fuerte crítica hacia quienes promueven la modificación de la Constitución de 1993, calificándolos como “traidores a la patria”. Esta expresión no figuraba en el documento oficial, lo que indica que fue una adición espontánea y cargada de intención política.
Su declaración generó inmediatas reacciones airadas por parte de congresistas de izquierda, que abuchearon desde sus escaños y mostraron carteles en señal de protesta. Boluarte defendió su permanencia en el poder tras la vacancia presidencial de Pedro Castillo, argumentando que eligió “el deber constitucional de preservar la democracia, la libertad, la propiedad y las instituciones”. Según la mandataria, de no haber asumido la Presidencia, el país habría caído en un “vacío de poder” con un incierto rumbo hacia un nuevo proceso constituyente que, en sus palabras, tendría como único objetivo debilitar la institucionalidad democrática.
En otro pasaje del mensaje, Boluarte alertó sobre los riesgos de modelos autoritarios en la región, citando a Venezuela, Cuba y Bolivia como ejemplos de “estados fallidos”.
“El Perú no puede seguir ese camino”, subrayó, haciendo un llamado a preservar la estabilidad democrática frente a proyectos que podrían erosionarla.
Como era previsible, la izquierda parlamentaria reaccionó con virulencia. La congresista Ruth Luque calificó al gobierno como “asesino”, mientras otros legisladores como Wilson Quispe, Jaime Quito y Roberto Sánchez desplegaron carteles en favor del expresidente Pedro Castillo, actualmente procesado por intento de golpe de Estado en diciembre de 2022.
Desde Simple Noticias, se observa que estos enfrentamientos verbales y gestuales reflejan la profunda polarización que persiste tanto en el Parlamento como en la sociedad peruana. El debate sobre el futuro del marco constitucional vigente desde hace más de 30 años sigue siendo central: un modelo que ha garantizado estabilidad económica y apertura al mundo, cuya modificación, advierte la presidenta, podría abrir la puerta a escenarios inciertos y turbulentos.










